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Deseo

Te deseo primero que ames, y que amando también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar

Y que después de olvidar, no guardes rencores.

Te deseo también que tengas amigos,

Y que, incluso malos e inconsecuentes,

Sean valientes y fieles, y que por lo menos

Haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,

Te deseo que tengas enemigos,

Ni muchos ni pocos, en la medida exacta para que,

Algunas veces, te cuestiones tus propias certezas,

Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,

Para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, mas no insustituible.

Y que en los momentos malos,

Cuando no quede más nada,

Esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente te deseo que seas tolerante,

No con los que se equivocan poco,

Porque eso es fácil, sino con los que

Se equivocan mucho e irremediablemente,

Y que haciendo buen uso de esa tolerancia,

Sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa,

Y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,

Y que siendo viejo no te dediques al desespero.

Porque cada edad tiene su placer y su dolor

Y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo que descubras,

Con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo,

Que existe y que te rodean, seres oprimidos,

Tratados con injusticia y personas infelices.

Deseo también que plantes tu semilla,

Por más minúscula que sea,

Y la acompañes en su crecimiento,

Para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,

Porque es necesario ser práctico,

Y que por lo menos una vez por año,

Pongas algo de ese dinero frente a ti

Y digas:”esto es mío”,

Sólo para que quede claro quién es el dueño de quien.

Te deseo también que ninguno de tus defectos muera,

Pero que si muere alguno puedas llorar

Sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable

Si todas estas cosas llegaran a pasar,

No tengo nada más que desearte.

Victor Hugo

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Utopía

“La Utopía está en el horizonte.
Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte
se desplaza diez pasos más allá.
¿Entonces, para qué sirve la utopía?
Para eso: sirve para caminar


EDUARDO GALEANO

Violencia contra la mujer.

“Imaginemos un mundo en el que una enfermedad grave y afecta repentinamente a entre 3 y 4 millones de personas. Los síntomas son dolores crónicos, traumas y lesiones. Las autoridades no logran establecer relación alguna entre la manera como la enfermedad ataca a cada individuo y la amenaza mayor que representa para el público. Las personas afectadas sufren en silencio.”
El mundo que Joseph R. Biden, ex-Presidente del Comité Oficial del Senado de los Estados Unidos, describe aquí es su propio país, los Estados Unidos de América, y la “enfermedad” es la violencia en el hogar. La inmensa mayoría de las víctimas son mujeres. En los Estados Unidos, cada ocho segundos una mujer es objeto de maltrato físico, y cada seis minutos se viola a una mujer. En un informe del Comité Judicial del Senado de los Estados Unidos de 1992 se señala que en este país el maltrato por parte de los cónyuges es más común que los accidentes automovilísticos, los atracos y las muertes causadas por el cáncer juntos.
Sin embargo, con frecuencia se desconoce tanto la gravedad del problema como su alcance. El Senador Biden dice: “Si mañana se anunciara en los principales periódicos que una nueva enfermedad había afectado a entre 3 y 4 millones de ciudadanos en el curso del año anterior, serían pocos los que dejarían de percatarse de la gravedad de la enfermedad. Sin embargo, cuando se trata de los 3 ó 4 millones de
mujeres que son víctimas de la violencia cada año, casi nadie se percata de la señal de alarma”.

Las primeras influencias que reciben los niños son las de la propia familia, y las actitudes se adquieren a menudo de manera inconsciente. Más tarde los niños reciben los mensajes estereotipados de los libros, la televisión, las películas, las revistas y los periódicos. Incluso el hecho de que ciertas personas no aparezcan en los medios de comunicación (grupos raciales o étnicos, personas mayores o disminuidos) incitan a los niños a pensar que estos grupos tienen menos valor a los ojos de la sociedad. Seguir leyendo »

Educación en Valores

Si pedimos a cualquier joven que defina lo que es un valor, no encontrará alguna sino muchas dificultades para hacerlo. Si le preguntamos qué es lo que más valora en su vida encontrará pocas o ninguna si es de los que lo tienen muy claro.

Pero ¿cuáles son verdaderamente los valores de una persona? ¿Lo que declara como más importante en un momento determinado o aquello que su vida, su ocupación, su actividad hacen importante?

Podemos sospechar que los valores de una persona, los valores de cada uno de nosotros, están escondidos detrás de nuestras conductas, o lo que es lo mismo si sabemos leer en ellas: que nuestras conductas son la manifestación de nuestros valores. Siempre, claro está, que nos encontremos en entornos de libertad y no de opresión o de sometimiento. A pesar de lo que acabamos de decir, no se puede descartar la declaración de cosas valiosas que realiza una persona ya que estos valores, estén o no presentes en su quehacer, en su actividad diaria, también juegan su papel, como más adelante veremos.

Comenzamos esta aproximación al concepto de valor en el marco del modelo Hall-Tonna realizando una distinción entre lo que decimos y lo que hacemos, sospechando que siempre habrá una discrepancia, por lo que también la habrá entre los valores que declaramos como importantes y los que nuestra actividad, nuestra ocupación, nuestro trabajo, hacen importantes. ¿Cuál es entonces el problema?

Hemos afirmado que los valores declarados también juegan un importante papel en nuestras vidas y así es. Si lo que con sinceridad consideramos valioso, si lo que verdaderamente nos interesa, no tiene nada que ver con nuestra actividad o, lo que es lo mismo, si nuestros quehaceres nos separan de lo que verdaderamente apreciamos, esta situación puede ser, y de hecho es, fuente de angustia que vivimos de manera inconsciente. Los valores son piezas claves que nos permiten acortar esta distancia: que lo que verdaderamente nos importa, no se encuentre tan separado de lo que vivimos. Comprobamos tristemente cómo nunca llega el tiempo -nunca tenemos tiempo- de dedicarnos a lo valioso.

Educación en inmigración

La importancia de la educación para todos los niños y niñas de cualquier país esta fuera de duda pues de ella dependen el pleno desarrollo de su personalidad, el aprendizaje de las técnicas que le permitirán en el futuro un empleo adecuado y la facilidad o dificultad para su integración en la sociedad. Además, la propia convivencia social del país depende en buena parte de la educación de la infancia y la juventud. A la vista de estas dimensiones, la Constitución española ha reconocido el derecho a la educación como derecho fundamental (art. 27 CE), dotándole con los máximos instrumentos de protección jurídica para hacerlo real.

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Mujer trabajadora

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!

De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía

Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte

Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.
Gioconda Belli
8 de Marzo de 2007